¡Hiba, Bachir y Manan! ¡Vaya tres vidas! Sustraiak.
‘Sustraiak’ me ha gustado mucho. ¡Vaya tres vidas! ¡Hiba, Bachir y Manan! ¡Qué grandes!
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| Hiba en el cartel de Sustraiak, un documental que deja huella. |
Luis Arrieta ha estrenado el documental ‘Sustraiak’ "Raíces perdidas". Luis nos cuenta cómo, siendo menores, Hiba, Bachir y Manan llegaron solos a Navarra buscando su lugar en el mundo.
En esta entrada del blog, presumo de conocer a uno de los protagonistas, Bachir.
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| El grupo de Transpirenaica Social y Solidaria con Bachir y Luis Arrieta. |
Este verano pasado coincidí con Bachir en varias etapas de la Transpirenaica Social Solidaria (TSS). En junio caminamos juntos y el día 20, Día Mundial del Refugiado, todo el grupo "Transpi" compartimos emociones y reflexiones sobre lo que sentíamos hacia las personas obligadas a abandonar su tierra. (Pregúntate: ¿Qué significa perder tu hogar?) Camino de Isaba hicimos esta foto dónde se ve a Bachir, referente para todos los que hacemos la Transpirenaica Social y Solidaria, contagiándonos su fuerza y su buen rollo.
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| Bachir, en el centro del grupo, en un descanso de la etapa de la Transpirenaica Social y Solidaria. |
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| Bachir y el grupo de Pamplona en el BBK Mendi Film |
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| Bachir, Adil y Luis Arrieta con el premio del BBK Mendi Film |
"Hiba, Bachir y Manan son tres
jóvenes migrantes que llegaron solos a Navarra siendo menores. El pamplonés
Luis Arrieta ha estrenado ‘Sustraiak’, documental que nos cuenta cómo van
buscando su lugar en el mundo.
Tras casi dos años de
trabajo y un primer premio en el Mendi Film Festival, Luis
Arrieta Etxeberria (Pamplona, 1983) pretende “cambiar la mirada” de
la ciudadanía hacia los menores migrantes que, tras sobrevivir a un periplo
aterrador, llegan a Europa colmados de unas ilusiones que pronto chocan
contra una realidad que les devuelve “soledad, sueños rotos y desesperanza”.
Hiba, Bachir y Manan, dos jóvenes
de Marruecos y uno de Ghana que llegaron
a Pamplona hace unos años cuando eran menores y pasaron –y pasan aún hoy–
por situaciones muy complicadas de desarraigo, desamparo, pobreza,
discriminación y falta de referentes, cuando en realidad “son promesas de
futuro”. Todo, en una etapa, la del paso de la juventud a la edad adulta, en
la que lo habitual a este lado del mundo es contar con el abrigo de la
familia, los amigos y demás entorno.
Arrieta supo de la mentoría de
escalada que desde el colectivo Kideak hacían en Rocópolis con chicos y
chicas migrantes. “Hablé con ellos y me enteré de que iban a escalar un día por
semana y les pregunté si podía unirme a ellos.
El documental fue construyéndose
en dos capas. La primera consistió sobre todo en grabarles escalando en
distintas localizaciones como el rocódromo de Berrioplano, Etxauri y otras
paredes cercanas, así como en el Pirineo. “Pero en los viajes a esos
sitios, me iban contando cosas que me parecían increíbles”, imprimiendo algunas
de sus frases en la mente del director. La clave la sacó de un comentario. “Me
dijeron que hasta que llegaron aquí no sabían que la escalada era un deporte,
También le sirvió de guía la
frase en la que Hiba, una judoca de élite que llegó a Tudela a los 16
años escapando de los abusos del entrenador de la selección marroquí, le
dijo que lo que más le atraía de la escalada es que “fijaba un punto
arriba y luchaba por alcanzarlo”. “Me dijo que ojalá su vida también
fuera así, y eso es algo común a todos los chicos y chicas que salen en el
documental, esa pérdida de la esperanza. Cuando se produce ese choque
entre las ideas que tenían de Occidente y la realidad, dejan de soñar”, lamenta
Arrieta.
| Bachir en el Pirineo. Foto de Jesús Iriarte. |
“Cuando empecé a grabar con
ellos, ninguno de los tres tenía los papeles en regla, por eso fue “bonito”
grabar el momento en que Rocópolis le hizo un contrato a Hiba que le
permitió viajar a Marruecos a ver a su padre, enfermo de cáncer, y al
resto de su familia, cinco años después de su marcha. Y mostrar cómo la
comunidad escaladora “se ha convertido en su tribu, dándoles a todos un sentido
de pertenencia” e impulso para salir adelante.
“No hay que olvidar que muchos
de los chicos que salen en el documental vivían hasta hace poco en los invernaderos
de Aranzadi o en Jaso, y algunos hoy residen en albergues para personas
sin hogar. La exclusión social les convierte en muy
vulnerables”. Quizá por eso resultan especialmente emotivas las palabras
de la madre de Hiba cuando se dirige a las familias europeas y les
recuerda “la suerte que tienen de poder vivir con sus hijos” y les
pide que echen una mano a estos jóvenes que, como Bachir, se
embarcaron el día de su 17 cumpleaños, en busca de una vida mejor, de un lugar
en el mundo.
A Luis Arrieta le gustaría
que Sustraiak haya contribuido a mejorar la vida de sus protagonistas
y que sirva para que el público reflexione, “cambie el modo en que solemos
mirar a estos jóvenes migrantes” y “les acompañe en su integración en
nuestra sociedad"".





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