Educación en igualdad para los niños palestinos y judíos.


Ayer volví de pasar unos días en Israel. Todavía estoy impactada por el choque de religiones, tradiciones y culturas. Con todo esto en la cabeza, hoy mismo he acudido al curso de verano de la UPNA titulado:
"Repensar la educación innovando y con equidad. Una nueva escuela para toda la infancia"


Ángel Gabilondo ha comenzado su exposición leyendo un párrafo de un texto de Almudena Grandes:   
 
"El verano es el tiempo de la felicidad. Apúrenlo y no piensen en el invierno que nos espera. Porque nuestros abuelos lo tuvieron muchísimo peor que nosotros y si no hubieran vivido, si no hubieran sabido disfrutar de la vida, si no se hubieran enamorado en tiempos atroces, nosotros no estaríamos aquí. Si existe una cosa que sabemos hacer bien los españoles es ser pobres. Lo hemos sido casi siempre, pero eso no nos ha hecho más desgraciados, ni más tristes que los demás. Recuérdenlo y sean felices, porque la felicidad también es una forma de resistir."

Niña palestina jugando con un carro de la compra en el barrio musulmán

Cuando Ángel Gabilondo estaba leyendo que la felicidad también es una forma de resistir yo recordaba que anteayer, lunes 23 de julio, en Jerusalén, había visto en unas terrazas del barrio judío a unos niños jugando con un carro de la compra. Siete minutos más tarde, en las calles del barrio palestino otros niños jugaban con otro carro de la compra.

Niños judíos ortodoxos jugando con un carro de la compra.


Los niños judíos y los palestinos apuraban el verano jugando,  felices, ajenos a las grandes diferencias de las que parten. 

Qué suerte si, como ha dicho Ángel Gabilondo, pudieran ser educados en el derecho a la diferencia sin diferencia de derechos.


Gabilondo también ha dicho que todo lo que se haga en educación debe partir de la igualdad de oportunidades desde la infancia, de la equidad, y que después vendrán el esfuerzo, la exigencia, la excelencia y el triunfo. 

Que en la educación, el acuerdo no solo es el mejor camino sino el único sostenible y con perspectiva de humanidad; que el acuerdo es decisión, voluntad, conocimiento y que necesita corazón. 

¡Qué buen verano sería, que tiempo de felicidad, ese en el que palestinos y judíos educados en la equidad, se pusieran de acuerdo y tuvieran el valor y vieran la necesidad de entenderse!




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